La diferencia entre avanzar y escapar


Todo el mundo cree saber si está huyendo.
Es una de esas cosas que uno da por descontado sobre sí mismo, como saber si está enfadado. Y sin embargo la introspección aquí no sirve de nada, por una razón sencilla: huir se siente exactamente igual que avanzar. Los dos producen claridad, energía, alivio y una sensación muy convincente de estar por fin haciendo lo correcto.
Esa sensación no distingue nada. Es la misma en ambos casos porque procede de lo mismo: haber dejado de estar donde no querías.
Conviene quitar de en medio la idea de que escapar está mal.
Hay situaciones en las que irse es lo único razonable, y llamarlo huida es un lujo de quien no está dentro. Quien sale de un sitio que lo estaba deteriorando no le debe a nadie un proyecto que lo justifique.
Lo que ocurre es más específico. Escapar resuelve exactamente un problema —el de estar donde estabas— y lo resuelve del todo. El error no es huir. Es pedirle a la huida un rendimiento que no puede dar, y descubrirlo tarde.
Hay una prueba que separa las dos cosas y no depende de la sinceridad.
Si mañana desapareciera aquello de lo que te vas, ¿seguirías haciendo el movimiento?
Casi nadie ha pensado nunca su decisión sin el problema dentro. Por eso la pregunta incomoda: obliga a mirar el movimiento desnudo, sin la fuerza que lo empujaba, y comprobar si se sostiene solo.
Si se sostiene, hay algo construido. Si no se sostiene, sigue pudiendo ser la decisión correcta, pero su contenido es negativo: está definida por aquello de lo que se aleja y se agota cuando la distancia se consigue.
Esto tiene un vocabulario propio, y merece la pena reconocerlo porque es el que reparte las coartadas.
Reinventarse. Dar un giro. Empezar de cero. Un cambio de vida. Salir de la zona de confort.
Todas esas expresiones miden la magnitud del movimiento. Ninguna dice hacia dónde. Es un lenguaje construido enteramente sobre el desplazamiento, que es la única parte visible, y permite hablar durante meses sin haber formulado nunca qué se quiere.
Socialmente es imbatible. Una salida contada como proyecto se explica bien en una comida, se recibe con admiración y no genera una sola pregunta incómoda. A quien acaba de anunciar que se atrevió no se le pregunta hacia dónde.
Pero la distinción entre avanzar y escapar no es la que de verdad importa, y sostenerla demasiado tiempo es engañoso. Casi todos los movimientos serios tienen las dos cosas dentro y en proporciones que uno no controla.
Lo que importa viene después, cuando el sitio nuevo deja de ser nuevo. Ocurre siempre, y antes de lo calculado.
Ahí se ve una sola cosa: qué sigue en pie cuando el alivio se ha ido.
A veces queda algo que hacer, algo que ya se estaba construyendo antes y que la mudanza no inventó. Y a veces vuelve la incomodidad, más o menos idéntica, en un lugar donde nada de lo anterior existe.
Ese segundo caso es el que aporta información, y es la única información fiable que un cambio de vida produce.
Lo que reaparece después de cambiar de escenario es exactamente lo que era portátil. Que suele ser lo importante.
Nadie descubre eso antes de irse. Es información que solo se obtiene llegando, lo cual convierte la advertencia habitual —resuelve primero lo tuyo y luego múdate— en una receta para no moverse nunca. Hay cosas que solo se ven desde fuera, y salir es a veces la única manera de conseguir el ángulo.
Lo que sí se puede hacer es ir con la contabilidad clara.
Una salida que se sabe salida se administra bien: sin obligación de épica, sin exigirle que resuelva lo que no puede, sin la decepción de descubrir que no lo resolvió. Uno se va del sitio, que era lo que había que hacer, y lo demás queda pendiente donde siempre estuvo.
Lo que se administra mal es la mezcla: irse por una razón y contárselo por otra. Eso produce decisiones correctas gestionadas como si fueran otra cosa, que es una forma discreta de desperdicio.
Así que la pregunta no es si estás huyendo. Probablemente en alguna medida sí, y no pasa nada.
Es qué parte de lo que te incomoda hoy va a subirse contigo al avión.
Mikel Zappala
Coach Ejecutivo y Transpersonal
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